Eugenia Prado Bassi
Publicaciones y Fragmentos















“BluViví y Gusaringo viajan en la Marcianave” / 2003
(co edición madre e hijo)


Publicación: Cuento Inédito, 2003.
Género: Cuento infantil ilustrado.
Creación Literaria: Realizada con mi hijo Vicente Pinto Prado, la historia y los modelos en plasticina fueron creados por Vicente, a la edad de 5 años. Las ilustraciones y algunas intervenciones en el texto fueron realizadas por Eugenia Prado.



“Hembros” / 2003
(fragmentos)

—pre-set—
Se nos presenta como ofrenda. Una aparición. Animal extraño. Un animal que no puede ser clasificado desde su continente. Una bestia, la más hermosa, se nos ofrenda aquí, sin que nos permita siquiera el entendimiento del instante en que siente la imperiosa necesidad de hacerlo. Tal vez el único pretexto que tenga de permearse con nuestros deseos, sea su convicción, luego de una total falta de fe. Aun es posible transformar el desencanto, modificar el “nada puede ser irremediablemente cambiado de su sitio” por otra aseveración esta vez irrefutable, cuando ha estado en el cambio, cuando ve que todos los días la imagen, incluso su propia imagen, puede ser modificada. Al advertir que nada de lo que otros piensen, puede programarse, ni programarla pues a la vez se reconoce fuera de programa, se nos presenta en un sistema fuera de bordes y es al momento del cambio en que sabe que no hay método, tampoco una experiencia de otro, que impida la reiteración del acto. Cito: “Ahora que el siglo recoge su mantel de huesos” es momento de una última función de máscaras. El secreto nos impide. Un continente nos sumerge. Una tierra que al parecer se desvanece. Cambian los números en el calendario. Todo el sistema se modifica. La realidad, se nos presentaría entonces como un gesto demente hacia lo imposible. Como si en el límite entre la cordura y la ficción existiese una insignificante línea que pudiera cambiar violentamente el rumbo de las cosas. Cuando has visto que todos los días la imagen, incluso tu propia imagen, puede ser modificada. El secreto nos impide. Un continente nos sumerge. Una tierra que al parecer se desvanece. Creed en mí y seré la sombra que corrompa tu alma desprovista. Cambian los números en el calendario. Todo el sistema se modifica. Nada de lo que otros piensen podrá programarte pues a la vez te reconoces fuera de programa. No existe método, tampoco “una” experiencia de otro, que impida la reiteración del acto, cito: “Ahora que el siglo recoge su mantel de huesos”, es momento ahora, de una última función de máscaras.

—primera escena—
Odio a mi padre. Mi padre. El amor no existe. Odio estos mensajes grabados a fuego. El amor no. Mi padre no, tampoco mi madre. El amor no existe. El amor no cuando soy ¿Quién, cuándo soy? ¿Cómo, cuando el amor no existe? Odiar al padre, odiarlos a todos ellos. El amor no existe. Odiarlos a fuerza de la autoridad con odios que calmen sus mentiras, odiarlos cuando dicen que el amor… Odiar a todos los padres y sus instituciones. ¿Cómo existe? ¿Dónde? ¿Cuándo hoy? Nada. Nada creo hoy en este día. Nada hacia adelante cuando las alucinaciones nos impiden los propios ejercicios. Odiar al padre confundido, y a las fuerzas que nos precipitan. Odiar odiando al padre que nos herencia, desechando sus desechos de mentiras. El odio fortalece. La insolencia se corrige por la fuerza. Intensos golpes sobre cuerpos estallados, son la deuda que el padre cobrará a su debido tiempo. Odiarlos con un odio que crece adentro, y que mata cada cierto tiempo. Se mata para corregir mentalidades. Los animales se alimentan y eliminan sus desechos. Mentiras creciéndonos adentro. Agujeros al costado del deudor anidando odios cada cierto tiempo, fabricando sueños. Odiar al padre, a todos nuestros padres, cuando el odio va creciendo. Muy cerca de las bestias, los demonios crecen… a los padres… a todos nuestros padres cuando el odio crece adentro, estallado de nefastas emociones. 

—tercera escena—
Nada creo hoy. Nada en este día. Purificación. Depuración. Miércoles Blanco. Serapis Bey arcángel de mi felicidad, —dicen— y ellos dicen, que el blanco existe y también Gabriel Ángel de la guarda, que me guarda de mi padre, que no cree que el blanco existe y que no sabe que yo no creo, y que odio, que odio tanto cuando me subyuga, cuando me somete. Mi padre golpea. Golpea sobre la madre que miente. Golpea con palabras sobre las hijas, cuando dice que la madre miente, que las mujeres mienten. —¡Todas ustedes mienten!— Los niños juegan y aprenden grabando y se mienten de todos estos mensajes la cabeza. Nada creo hoy. Nada en este día. Odio a mi padre y sus desordenados niños, de ideas grabadas con el fuego de los grandes y de todas sus instituciones. Purificación. Depuración. Miércoles Blanco. Serapis Bey Arcángel de mi felicidad.

—final—
Somos cuerpos estallados, atravezados por infinidad de flujos que nos pulsan y nos impulsan, tensionados y torcidos. Próximos desde corrientes opuestas, atraidos todos nuestros sexos entre laberintos sudorosos. Cuerpos que se rozan, hermosos, delineados y excedidos, elaborados en gimnasios, descarados y promiscuos, entre las ropas y el strech, agitados se aprietan, carnes saboreando los atributos de la cultura física y la belleza. Mecidos con otros y para otros, los cuerpos entre juegos prohibidos. Como dioses hermosos del olimpo, seducidos al compás de una música nada convencional en el consumo de precipitados hombres que se frotan. La sexualidad, es ahora nuestra mejor oferta, un asunto de los flujos ¿desde dónde éstos flujos estarían codificados? ¿desde dónde cortados contra fondos de cultura y de máquinas? Actuamos las pulsiones de esos flujos, recortados sobre fondos móviles, cambiantes, acechantes, amenazados, codificados y a la contraluz. Atrapados en reiteradas cadenas de sentidos idénticas e insignificantes, como imágenes inmutables, significaciones de este mundo de posibles, entre roles móviles, categorizándolo todo. Nadie está a salvo en estas estructuras. Otros mirarán con un único ojo, prediciendo los peligros, simularán sus cuentas regresivas, nos prepararán como sus elegidos y aceptaríamos si así pudiésemos sentirnos mejor, elegidos desde centros aparecidos de la nada para una consecuente desprogramación. Pero nada de esto hubiese sido posible, caen despedazados los muñecos, rostros desfigurados, totalmente desfigurados, recibimos esas señales. Un insecto se revuelca cerca de ojos enrojecidos. Pelos estirados como agujas, bordean famélicos pómulos. No hay razón más que la de avanzar cuando reconoces las imágenes impuestas e inmediatas, cuando tu rostro reluce estático, y el brillo impecable en tus dientes blancos, tan blancos. Musa incierta, hermoso hermafrodítico feroz, símbolo ad hoc para nuestra kitch age, respondiendo a las impuestas representaciones de paisajes familiares, imaginerías de padre y madre, fijaciones, regresiones, sublimándolo todo, hacia el inquietante vacío que nadie posee. Animando luchas miserables, ausencias, exclusiones recíprocas, los flujos se agotan, secados por el odio. Extrañas y dulces vivraciones inconscientes nos avanzan, hasta dar con otras finas y sutiles vivraciones. Nada de esto estaba previsto, existen otros a la cabeza, somos piezas frágiles en el entramado cuando no existe modo alguno de escapar.







Desórdenes Mentales / 2005
(fragmentos)

Julieta: 	Dices miedo, acércate a tu miedo. Entonces pienso en el significado de mi propio miedo, más de lo para ti significa. Miedo a perderme, a perderte, a la radical forma con que me pierdo en ese perderte. Miedo a tener miedo, a estar sola, a que ames a otra más que a mí, a que desees a otra y no a mí, y que pierdas la cabeza por otra, a que le hagas el amor, a que te conectes con esa energía del sexo y te pierdas en esa otra. Miedo a que mi vida seas tú y no yo, y que todo en mí, sea pospuesto por ti. Miedo a dejar de hacer, a dejar de crear, a dejar de amar, a dejar de pensar. Miedo a tener miedo y a la dependencia con que me apasionas, me aprisionas aún sin quererlo, porque esto existe lejos de ti, vive en mí. El miedo a la dependencia que en mí provocas es mío. Miedo a que por ese miedo dejes de amarme, dejes de quererme, de desearme. Y cuando ese miedo mío crece y se interna adentro, es como si no supiera por dónde, ni en qué dirección, es como si quedara paralizada y no tuviera más energías para avanzar, y me doy vueltas pensando que así, dejaré de estar aterrada. Atrapada descubro que los movimientos son el único camino. Entonces me obligo a hacer, me obligo a no desfallecer, me obligo a contradecir desánimos, y a hacer más que sentir, cualquier cosa, cualquiera más que huir de esa sensación que me destruye. Miedo a que entre sueños por las noches esas mismas imágenes te pesadillen. Y preparas la casa y haces la casa y limpias y ordenas la casa y la cambias y de casa te vistes y en el dedo miras el anillo que lo confirma. Tú eres la casa, juegas a ser los hijos de la casa, y juegas a la casa felizmente habitada, y perfecta, y juegas con niños llenando la casa, el vacío de la casa, cuando tú no estás. Por miedo hago el amor. Necesito hacerlo, todo el tiempo, para calmarme, y calmar esta siniestra dependencia. Es el miedo lo que me obliga. Entonces corro, corro como una loba, en dirección de lo que sea, para sentirme libre, y soy y me siento libre, breves momentos, son destellos. El amor es un instante en que perdemos, nos perdemos.

Doctora: 	La celotipia, figura entre las tres principales causas de homicidio intencionado con móvil conocido. Tiene que ver con las pertenencias. Son personas que sienten celos desmedidos por alguien, siendo incapaces de controlar sus impulsos, o pensamientos delirantes y/o paranoicos, sobre el objeto de su obsesión. El paciente experimenta celos intensos, y desde una particular objetividad, confirma en las actitudes de su pareja sus temibles certezas. En casos de celotipia mórbida, los pacientes sufren de ansiedad y depresión y actúan la enfermedad desde el inevitable convencimiento de que su pareja les es infiel. Pero en la mayoría de los casos, tales ideas no son reales. Son inventos, pequeños demonios incrustados en la mente!



— escena dos—

ZOE ATADA CON CAMISA DE FUERZA EN PEQUEÑA CELDA. 
SE ENCIENDEN FOCOS QUE APUNTAN DESDE AMBOS COSTADOS. 

Zoe: 	Un terrible zumbido en algún lugar de ese desorden, como sinuosas almas en pena, sufrimientos ajenos que no tendrían por qué atormentarme de ese modo.
Doctora: 	Yo en su lugar, optaría por el estallido y las risas. Bien sabe que es posible renunciar, en cierta medida al mundo, desde las escasas y mínimas ocupaciones. A ese mundo predescible de ilusiones corpóreas y de mentes acechantes.
Zoe: 	La plaga. Su plaga doctora. Nos está infectando a todos. Infectados.
Doctora: 	Desde ese mirada, no hay, ni existirá jamás una salida Zoe.
Zoe: 	La plaga afecta irremediablemente sobre los más frágiles. Nos atrapan en sus miserias de la carne, de la sangre, la casa, la familia, los hijos y toda esa mierda doctora. Familiarismos y estructuras todas estalladas.
Doctora: 	¿En qué minuto inventó su vida Zoe? ¿En qué minuto? Más bien cuándo, ficcionó usted, con que desde ciertas disciplinas flexibles, móviles y tan frágiles, como las ideologías y las lealtades es posible cambiar en algo las cosas. Más directamente ¿Quién se cree usted, para modificar una realidad que para el común de las personas está bien? Se va quedando sola.
Zoe: 	Usted y su mierda fascista… Era muchísima gente, calles repletas de gente marchando, conocíamos nuestros derechos. En cambio usted… Usted es una de ellos, una enemiga doctora. Los burgueses se acomodan como ratas asegurando el pequeño porcentaje, todos ustedes tienen una cosa en común, una pulsión intensa por el territorio.
Doctora: 	El mundo cambió hace años y que yo sepa en una misma dirección.
Zoe: 	¿De qué mundo me está hablando doctora? Toda esa mierda suya descompuesta. Para habitar en este mundo, este país, especifícamente la vida, buscando un contexto social, ese antiguo tema suyo de las pertenencias, tendría que haber nacido de nuevo. Ser otra, doctora.
Doctora: 	Finalmente todos se adaptan. Con los años, todos se adaptan. Y usted, pegada en lo mismo. ¿Por qué no lo acepta de una vez? Las cosas están como están, y por eso ahora está en desventaja.
Zoe: 	Usted está tan enferma como yo ¿O no se da cuenta? Su vida, al igual que la mía, son nada. Usted desde su aparente poder, nada. No hay salida. Ninguna salida. Son minúsculas partículas buscando sentido. Un profundo sentido.
Doctora: 	Son antiguas y muy sólidas estructuras. Se vuelve a ellas. En el mundo de los hombres claramente existen dos opciones. Las personas estaban equivocadas, está a la vista. Es como se construye una sociedad saludable.
Zoe: 	La gente como usted, arrastra la vida sencillamente.
Doctora: 	Zoe, aún es joven, tiene talento. ¿Por qué no lo entiende? Sólo quiero ayudarla.
Zoe: 	¡Cállese! No la soporto. Un terrible zumbido en algún lugar de ese desorden… ¿Porqué no me desata? ¿Quién le dijo que yo necesitaba su ayuda? ¡Aléjese de mí!
Doctora: 	Los trastornos psíquicos, todos ellos, son conceptualizados como un síndrome o perfil conductual o psicológico, con relevancia clínica, observado en sujetos asociados a problemas que provocan su aflicción o invalidez. Mi vocación radica en adaptar a estos pacientes. Zoe, en especial. Ella me interesa. Busco hacerla entender los errores que la pusieron en su actual situación. Quiero verla sonreír. Pero esta joven se resiste al tratamiento. Lo preocupante es que desde muy joven optó por un camino equivocado, condicionada por argumentos insostenibles, influenciada por revolucionarios, endemoniados y rebeldes, que lo único que saben es contagiarnos con sus discursos vanidosos. Son una lacra quejumbrosa que oscura y monótona, vocifera e incita, agitando luchas políticas. Y todavía tienen el descaro de creerse diferentes… Y por supuesto que lo son. Están enfermos de odio, y con ello, y desde sus ideas lo único que saben es aumentar los conflictos y la insatisfacción en el resto de las personas. Es justamente allí, donde los síntomas clásicos de la desadaptación hacen la enfermedad y anidan sus gérmenes.
Zoe: 	¿Y ese era su trabajo doctora? ¿Exterminarnos a todos? Seguro que usted estaba allí, torturándonos en esos lugares inmundos. Puedo olerla, todos ustedes huelen de la misma forma. Son repugnantes.
Doctora: 	Artistas, muchos se decían artistas, marginales, mínimos, incapaces de comprender y adaptarse a una vida sana, normal y ordenada.
Zoe: 	El odio. Su odio y miseria doctora. Es lo que tienen los derechistas, anidan un profundo desprecio contra el pueblo. Nuestra felicidad crecía, parecía indestructible. Y lo que más les irritaba, era vernos fieles a los principios de una mayoría. Estaban aterrados. Sabíamos que la confianza era fundamental y el objetivo un acuerdo tácito. Desarrollar al máximo la sensibilidad militante, despiertos y muy atentos para cuando en algún lugar del mundo, se alzaran las banderas de libertad y justicia.
Doctora: 	Pensaron que era el principio de algo que se venía abajo. Como animales asustados, arriesgando la vida por nada. Me pregunto por qué la mayoría de ustedes provienen de familias bien constituidas, y ni siquiera en un ambiente adecuado, pudieron establecerse como personas decentes, incapaces de construir un sentido común. Eso comprueba que allí hay una falla individual. Es por eso que deben ser expulsados de nuestras vidas.
Zoe: 	Estudiábamos, estudiábamos muy fuerte. No había excusas para dejar de hacerlo. Ser intelectuales y brillantes. Conseguir la autonomía. Nuestro deber y responsabilidad estarían siempre con el pueblo. No hay enemigo pequeño, ni fuerzas desdeñables. Actuaríamos leales a nuestras convicciones, la revolución era lo único importante y de los errores se aprende. Uno sólo no vale nada, seremos cientos, miles y desde la emergencia seguiremos luchando hasta que la bestialidad imperialista termine.
Doctora: 	Es evidente la razón de su enfermedad ¿O no puede verlo? Sus palabras están fuera de contexto, son antiguas, nada tienen que ver con este mundo. Todos aquellos individuos que promuevan la violencia, deberán ser contenidos.
Zoe: 	Es por lo que me tortura día tras día y no me deja en paz, doctora.
Doctora: 	Usted continuará su tratamiento con nosotros hasta que aprenda, olvide y se adapte. Desde mi posición de psiquiatra y el poder que me otorgan los años dedicados al oficio, una primera y gran responsabilidad, es atacar directo a esta escoria peligrosa. Ya no quedan muchos, como usted. Y si bien, en las últimas décadas, las enfermedades mentales han aumentado, durará muy poco, con las nuevas tecnologías, la adaptación y el orden serán inminentes. Hablamos de cambios trascendentes, un nuevo período para el hombre.
Zoe: 	En pocos años, no quedará nada doctora. De eso puede estar segura.
Doctora: 	¿Ve cómo sigue sin entender? Sus ideales no son operativos, no funcionan ni tienen cómo sustentarse. Vivimos en un mundo en que las exigencias, las expectativas de vida, cambiaron… y en una mejor dirección. Sus motivos de lucha quedaron obsoletos Zoe, perdieron todo el sentido, y si bien aún quedan ciertos individuos peligrosos, acabaremos con ellos. Su violencia, el resentimiento, atentan contra la familia, el bien más deseado, la tranquilidad de los niños… la religión… en un sistema que funciona.
Zoe: 	La naturaleza del imperialismo es violenta, tiraniza a los hombres, destruye su humanidad.
Doctora: 	Me parece inexplicable que aún hoy, algunos de estos individuos adquieran un poder que no les corresponde, poniendo en riesgo nuestra estabilidad. Son pequeñas células que generan situaciones imposibles, ampliando las expectativas en los más débiles.
Zoe: 	Los más débiles Ahhh, entiendo… entonces usted, pertenecería al mundo de los fuertes. Así es como divide, usted el mundo, débiles o fuertes. O mejor dicho, individuos en proceso de contención, y un aparato que reprime y estigmatiza desde la arrogancia.
Doctora: 	La mayoría de las personas no tienen para qué saber tanto, Zoe. Son individuos tranquilos y felices. El Mercado global avanza. Y aquellos que desde la inadaptación atenten contra nuestra estabilidad, tienen que desaparecer. Es una selección natural. Y si no lo entiende de una vez, desaparecerá con ellos.
Zoe: 	¿He sido seleccionada para morir?
Doctora: 	No es la muerte un camino, sino una apacible adaptación. Extraña enfermedad la de preferir las palabras a las cosas. Querer meter la realidad en una camisa de fuerza… Pero lo que me parece inaceptable, Zoe, fue su falta de opción.
Zoe: 	Se equivoca doctora, yo ya tomé mi opción. No tengo dudas, ni remordimientos. Nada que me aleje de mis principios.
Doctora: 	¿No se da cuenta? Usted es una mujer inteligente, obstinada. No hay nada de malo en pertenecer a la clase media. La medianía es un arreglo eficiente y existe en ello una pureza. Mi deber es proteger la vida de la buena gente. Y si hay algo que pudiéramos llamar reserva moral, eso existe en nuestra clase media. El orden, la tranquilidad, la resignación,  son actitudes indispensables para una vida civilizada.
Zoe: 	¡Cállese! No la soporto. Un terrible zumbido. Sinuosas almas en pena, que no tendrían por qué atormentarme de ese modo. Usted es la única responsable doctora. ¡¡No!! Ese terrible zumbido. Psiquiatrizar el miedo, huir de la oralidad insaciable.
Doctora: 	¿Quién le ha dicho a usted que una dueña de casa no puede tener una vida interesante? Sexualmente satisfactoria, por ejemplo ¿Y los niños? ¿Cuántas mujeres no darían todo por sus niños? ¿Le parece acaso denigrante?
Zoe: 	Perceptibles, mutables, susceptibles.
Doctora: 	Debería usted aprender de Julieta, la nueva paciente. No todos pueden ser héroes. Ni tienen por qué.
Zoe: 	De Julieta, doctora… Me sofoca su dificultad de encaje. Su alterada percepción. Toda ella afectada de inflamaciones y brutales roces… Yo en cambio, puedo confirmar que no existe otra superficie más afín al placer, que las palabras.
Doctora: 	Ahhhh. Veo que ya tuvo el placer de conocer a Julieta.
Zoe: 	Despedir con intermitencia el estado antiguo de un recuerdo siniestro.
Doctora: 	Parece que aún no ha entendido porqué está en este lugar, y quien da las órdenes. Es importante aceptar ciertos fracasos.
Zoe: 	¡Déme agua!
Doctora: 	Veo que no está cooperando. Estoy aquí para ayudarla.
Zoe: 	¿Por qué no me desata?
Doctora: 	¿No lo recuerda Zoe? Ahora está sujeta a esa silla porque no nos dejó alternativa. Tuvimos que atarla a esa camisa por su protección y la de los demás. Pero ahora, Zoe se portará bien y si lo hace, hasta podría desatarla. Respóndame ¿No le gustaría que la desatara? ¡Zoe no quiere responder! ¿No quiere portarse bien? ¿Ahhhh?
Zoe: 	Usted es una maldita perra.
Doctora: 	Una paciente totalmente fuera de control. Tuve que inyectarle 5 mg. de haloperidol. Produce somnolencia. Puede también que sienta la boca seca, pero son síntomas inevitables, sobre todo al inicio del tratamiento. Se acostumbrará.
Zoe: 	Como odio sus malditos fármacos. ¿Porqué no me desata? ¡Déjeme en paz! Por qué no me deja en paz.... ¡Aléjese de mí ! ¡No la soporto!

OSCURO. PAUSA




“Identidad poshumana en Lóbulo de Eugenia Prado” por Andrew Brown

Publicado en Revista Iberoamericana, Vol. LXXIII, Núm. 221, Octubre-Diciembre 2007, 735-741


TECNO-ESCRITURA:
LITERATURA Y TECNOLOGÍA EN AMÉRICA LATINA
POR J. ANDREW BROWN
Washington University in St. Louis


En “Identidad posthumana en Lóbulo de Eugenia Prado”, tomo la novela de una escritora chilena poco conocida para explorar cómo una novela que marcadamente no es de ciencia ficción depende de imágenes y expresiones de la identidad posthumana para estetizar nuevas mentalidades. Incorporo críticamente las teorías posthumanas y cyborguianas de Haraway y Hayles y las teorías de Gilles Deleuze y Félix Guattari para analizar la articulación de cuerpos y subjetividades cuya naturaleza orgánica es alterada de manera fundamental por la tecnología ubicua que los rodea. En Lóbulo, específicamente, encontramos propuestas de una visión de la identidad posthumana que van más allá de las teorías cyborguianas basadas en la literatura norteamericana y europea o en una conceptualización de una cultura globalizada propuesta por teóricos de la academia norteamericana.

http://www.pitt.edu/%7Ehispan/iili/221.html



OTRA NOTICIA…

Este semestre se dictará un Seminario en The Ohio State University Department of Spanish & Portuguese, que incluye parte del trabajo literario de la narrativa de Eugenia Prado

Passions: Blueprints of (dis)-Enchantments
Ana Del Sarto. Assistant Professor Dept. of Spanish and Portuguese 343 Hagerty Hall. Ohio State University

¿Cómo se encienden o se extinguen los afectos? ¿Cómo permitirían las pasiones articular estética e ideología, política, cultura y ética? Para comprender e interpretar estas pasiones en el contexto de la cultura latinoamericana contemporánea, leeremos, desde el marco de los estudios culturales, una serie de textos literarios (Alejandra Pizarnik, Marosa Di Giorgio, Diamela Eltit, Eugenia Prado Bassi y Daniel Link) en relación a específicos textos teóricos (Georges Bataille, Julia Kristeva, Gilles Deleuze y Félix Guattari, Jean Francois Lyotard, Andre Le Breton, Michel Maffesoli, Slavoj Zizek y Brian Masumi). A lo largo del curso, se examinará la manifestación/materialización de subjetividades irreverentes, enfatizando la tensionalidad entre los siguientes ejes: deseo/memoria, razón/afectos, sexualidad/género, intensidad/poder.


Eugenia Prado 2008
http://www.pitt.edu/%7Ehispan/iili/221.htmlshapeimage_3_link_0
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