Objetos del silencio / 2007
(fragmentos)
 
 
Eugenia Prado Bassi
Publicaciones y Fragmentos
  

Mi adultez se construye desde una precaria lucha entre fuerzas antagónicas. Vivímos una infancia atrapada, cercados entre muros de habitaciones enormes, nuestra casa era una fortaleza sellada para el mundo. Despierto atrapado por deseos que desconozco, corro a encerrarme en el baño, con todo creciéndome entre las piernas, sin que nadie, ningún adulto lo advierta. Me quito el pijama, mis manos se deslizan por mis muslos, el torso, los brazos, buscan las manos hacia abajo, recorren, cerca del ombligo, incómodo tiemblo de aquello que pulsa y me agita por dentro, mi sexo palpita, reacciona, crece...

Qué me haces que siento que me muero…
a mis nueve, tú tenías once, eras de los hermanos el mayor.
Qué me haces que siento que me muero, que me agoto y ya no puedo levantarme y la luz de la mañana me encandila y me pone tan triste. Qué me haces, cuando éramos tan niños. Por qué me duele ahora la idea que me sitúa como presa única de tus movimientos feroces. Por qué me besas. Me besas tanto. Por qué lo haces con tanta insistencia. Por qué me tocas. Me chupas tanto, que casi me gusta cuando lo haces y la costumbre a tus hábitos me obliga a soñarte. Te sueño en pesadillas con los ojos brillantes, repasando cada movimiento que me vulgariza de tu hostilidad.


Criaturas de Dios

Algo más crecidos, juegan los niños sus experimentos. Despierta el más pequeño sus excitados juegos, las nuevas formas, los descubrimientos. Amanecidos los graves apetitos el mayor tarda. Duerme. Traspasar distancias. Desde lejos. Gruñidas sus doloridas ganas, su furia avanza. Entonces, empujar las ropas y salir furioso. Cama abajo y desgreñado. Enloquece. Muy noche, un cachorro corre y con apenas verlo se revuelca. Salta. Ladra, sus esforzados pelos, sus maliciosas ganas. Correr descalzo los sofisticados hábitos, cuando él, su furia empuja, patea y jala. Tiembla su placer largo, lento, y le pide sus perdones. Entonces, las estimulantes cercanías, los gemidos sordos, cuando excitados muerden, corren y hasta se revuelcan. Agitadas las orejas el cachorro amansa sus ladridos. Abiertas sus patas se resfriega y le pide sus caricias. Desatados los movimientos disfrutan a tirones. Entrecortadas risas, y otra vez el animal gimiéndole de vuelta. Las esparcidas ganas. Su fina raza. Agitado el amo de gemir sus babas. Se moja. Lame los enmarañados pelos avanzados de experiencias. Al escuchar los gritos el mayor despierta. Sale. Se arrima. Morder felices. Suavemente revolcarse de juegos encendidos y de olores sofocantes. Perturbados crecen. Contagiados de gritos y gemidos el animal muerde, lame, sus manchados cuerpos.



Publicación: Editorial Cuarto Propio, Octubre 2007
Género: Novela

La escritura de Eugenia Prado habla desde la imposibilidad de la palabra. La palabra cercada, todos estos secretos de infancia son una historia apenas revelada por la confesión, la letra, el epistolario familiar, por el desborde de la escritura. En contraposición a ese no decir, aparece esta revelación que nombra estos “pequeños cuerpos habitados por una lengua”, que se atreve a nombrar desde la multiplicidad de voces y sujetos que entrecruzan e intervienen el discurso de lo silenciado. Aquí aparece la denuncia y el arrojo de trazar esas declaraciones sobre los márgenes de la palabra y por sobre la clausura de  estas bocas, rescatadas por la autora desde su propio registro y que operan como marca, como una cicatriz permanente del recuerdo, articulando un testimonio desde el amor y desde el miedo. Los “aterradores objetos” de esta novela están inscritos desde el reclamo del cuerpo amordazado por la histeria del deseo. “¿Qué haces que siento que me muero?” de ese amor (terrible) que debe habituarse al encierro. Los primeros deseos que crecen en ausencia de las madres, en ausencia de la autoridad que castiga. En este libro, todos son víctimas y cómplices, todos están instalados como resistencia contra el horror de volver a enmudecer. La novelística arriesgada de Eugenia Prado desafía todas las formas de género al plasmarse en fragmentos de poesía, documentos, bibliografía, discursos; exigiéndonos una lectura desde esa deconstrucción, para poder dimensionar la significancia radical y la inscripción estética de esta propuesta.
Diego Ramírez, poeta.
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