La Prisionera del Bosque / 1987
(fragmentos)
Hubo un instante en que el cielo entero se cubrió de negro, y aunque parezca imposible todo giró al revés. Un espeso bosque saltó sobre el cielo atrapando entre sus ramas a una estrella, que en el cielo flotaba.
Pero como les decía, eso duró apenas un pequeñísimo instante, y casi de inmediato el planeta, el cielo, las estrellas, y los árboles volvieron a la realidad de todos los días, salvo un pequeño detalle, a partir de ese momento, la vida de la estrella en el bosque sería completamente distinta.
Atrapada como estaba y sin entender nada de nada, la estrella hizo incansables esfuerzos por librarse, pero todo fue inútil. Muy triste comenzó a llorar y su llanto fue escurriéndose por entre las hojas, transformando cada una de sus lágrimas en un hermoso rayo de luz.
Fue entonces que de cada lágrima derramada, un bello rayo de color nació colándose por entre las hojas.
A todo esto el bosque agitaba sus ramas deliciosamente y parecía de lo más encantado, pero como los bosques no hablan, al menos con palabras, no sabemos qué es lo que más le agradaba, si los cálidos rayos de la estrella o haber saltado sobre el cielo, porque eso sí que era toda una hazaña. Imaginen muchos árboles en hileras saltando hacia arriba.
De cualquier modo, el bosque brillaba como nunca y se veía que estaba muy orgulloso.
Después de inútiles esfuerzos por recuperar su libertad, la estrella se quedó profundamente dormida. Todo el espacio del cielo se cubrió de noche y apenas podían distinguirse sutiles colores entre las ramas.
A la mañana siguiente poco antes del alba, la estrella se despertó al oír un dulce trino. Abrió sus ojos y vio a un pequeño pájaro revoloteándole cerca, y que deleitado trinaba agitando sus alas.
—¿Qué haces? —dijo la estrella, y de sus pestañas brotaron raudas lucecitas que resbalaban deshaciéndose en otras más pequeñas.
Como si acabara de enterarse, el pájaro miró para todos lados. Algo había allí con vida, y además podía hablar.
—¿Quién habla? —preguntó.
—Yo —respondió la estrella iluminándose.
Entonces, el pájaro saltó de rama en rama hasta una, que según sus cálculos, estaría más o menos a la altura de la boca. Al menos eso fue lo que el pájaro pensó, porque obviamente una estrella también tenía que tener boca.
—¿Qué haces en este lugar? —insistió la estrella.
—¡Ya. Ya, ya! No soy sordo. ¡Ya entendí! —respondió impaciente. Vengo cada mañana, a esta misma hora, justo a este mismo lugar —dijo entonces, con toda propiedad.
—¿Y a qué vienes? —preguntó la estrella.
Lucecillas azules y rojas se derramaron desde sus labios. Múltiples pliegues caían como puntas de estrella, ocupando casi toda su cara, luego rodaban por los troncos de los árboles y se dispersaban por todo el bosque.
—¿No podrías quedarte un poco quieta? —reclamó el pájaro. Luego voló hasta una poza y se dio una zambullida. El agua estaba deliciosa. Hizo gorgojeos y aclaramientos de garganta y regresó donde estaba la estrella.
—Pero aun no me has dicho a qué vienes.
—¡Silencio! —interrumpió el pájaro ¿Ves como no me dejas ni pensar? Ya estoy lo suficientemente confundido con todo este alboroto…!!
La estrella se quedó tan quieta como pudo.
—Bien… Cada mañana escapan del río cientos de gotas de agua, entonces espero hasta que se junten todas, para darme una buena zambullida. Esta mañana, volaba como todos los días y, cuando miré hacia abajo, los árboles brillaban de colores. Me entró tal curiosidad, que tuve que acercarme.
—¿Y tú…? —preguntó el pájaro — parecieras no ser de este mundo.
—¿Yo? —gimió— algo muy extraño sucedió conmigo. Flotaba como siempre, en la enormidad exquisita del cielo, cuando de pronto todo se oscureció violentamente, al volver a la realidad, los árboles me apretaban tanto entre sus ramas, que no pude moverme más.
—¿Así tan rápido? —preguntó el pájaro.
—Tan rápido que no pude hacer nada. Por más que lo intento, el bosque más se me aprieta y me enreda, y con el calor de mis lágrimas está tan deleitado que… ¡Ayyyyyyy! —suspiró la estrella— el bosque nunca va a dejarme.
—Vaya —dijo el pájaro. Sí que tienes un problema.
— ¿Y tú? ¿No me ayudarías a salir de entre estas ramas?
—Me encantaría ayudarte, pero mi pico no es lo bastante fuerte como para partir una rama. El pájaro voló hasta la poza. Había salido muy temprano del nido y la señora pájaro lo esperaba para la cena. Todavía le faltaba recoger algunas semillas y si no llegaba pronto, lo esperarían fuera del nido con maletas y todo. Se zambulló un momento y recogió todas las gotas de agua que podían sostener sus alas y luego voló a sacudirse al lado de la estrella, cubriéndola con el rocío.
—Esto te aliviará. Prometo que mañana vendré para refrescarte y hablaremos un rato. Y dicho esto emprendió vuelo hasta desaparecer.
Proyecto de Título:
Para optar al grado de diseñadora, Universidad Católica de Chile, Junio 1987.
Creación Literaria:
Concepto General, Incorporar lo lúdico incentivando la lectura en los niños. Proyecto libro completo, textos, diseño gráfico, diagramación e Ilustraciones.